Profesores Roberto Moris, Claudio Vásquez y Cristián Sandoval integran equipo UC que colaborará en la reconstrucción de Venezuela

17 de Agosto 2026

Catorce académicos y académicas de la UC viajaron el viernes 14 de agosto a Venezuela a colaborar en la evaluación de las estructuras dañadas y a aportar en el proceso de reconstrucción, luego de los estragos sufridos por el terremoto de junio pasado.

La iniciativa fue promovida directamente por el Rector Juan Carlos de la Llera, en coordinación con el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile y el Ministerio de Transporte de Venezuela y la Comisión Presidencial para la Evaluación de Habitabilidad de Infraestructuras.

“Pondremos a disposición una experiencia que nuestro país ha construido durante décadas en ingeniería sísmica, evaluación estructural y gestión del riesgo de desastres”, explicó el Rector de la Llera, advirtiendo que “el conocimiento adquiere todo su sentido cuando es capaz de ponerse al servicio de las personas, especialmente en momentos difíciles”.

Tres profesores de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos (FADEU) integran esta comisión: Roberto Moris, subdirector del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales; Claudio Vásquez, jefe del Magíster en Arquitectura Sustentable y Energía de la escuela de Arquitectura; y el profesor Cristián Sandoval, de las escuelas de Arquitectura e Ingeniería.

Conversamos con los profesores Moris y Vásquez sobre esta experiencia, sus impactos y la forma en que los y las profesionales chilenos abocados el entorno construido pueden colaborar en estas materias con otros países y cómo ello impacta positivamente en la formación de los estudiantes.

¿Cómo nace la iniciativa de generar una comitiva desde Chile para ir a apoyar las labores en Venezuela?

RM: La iniciativa de la delegación es parte de un proyecto planteado y liderado por el Rector, que ya a los dos días del evento citó a distintas facultades para poder construir una iniciativa de colaboración que implicaba, desde ya, el apoyo de expertos en terreno.  Al pasar los días, se vio que había que tener mayores temas de logística Y preparación, así que el foco se puso más bien en la evaluación de edificaciones.

CV: Esta iniciativa dialoga con la posibilidad que tiene nuestra universidad, a partir de la experiencia que ha tenido en otros terremotos, de entregar una experiencia útil. La UC, ya en el 2010, se movilizó muchísimo e hizo un montón de cosas. En el fondo, es muy importante no perder de vista que estamos entrando en este problema como Universidad, poniendo a disposición de otros lo que hemos podido ir construyendo a lo largo de los años.

¿Cómo se construyeron los primeros lazos de colaboración y cómo se proyectan los apoyos desde la FADEU?

RM: Los primeros vínculos se iniciaron gracias al profesor José Rosas, que logró conectar y generar confianzas. Chile tiene mucha experiencia en estas materias, sobre todo en la gestión de la emergencia: en las primeras horas se condicionan muchas cosas que pasan después en los siguientes días, y en los siguientes días se condicionan muchas cosas que pasan en las siguientes semanas, meses y años. Entonces, estamos en la emergencia, y ahí es donde nosotros hemos trabajado harto desde la FADEU en temas de recuperación que parten desde la emergencia.

CV: Yo diría que nosotros vamos para intentar entender la situación global, hacer vínculos y trabajar en los pasos que vienen. Es muy importante que entendamos bien cuáles son los sistemas constructivos, cómo se hacen y, además, intentar trabajar en lo que nosotros sí tenemos más experiencia. Aquí en Chile no se caen los edificios de vivienda, ni las edificaciones que allá se cayeron. Nosotros tenemos una norma mucho más antigua y mucha más experiencia en eso.

Chile tiene hoy una suerte de reconocimiento internacional respecto de su capacidad de convivencia con eventos de estas características: ¿qué hemos hecho bien como país para ser mirados como referentes en estas materias en el cono sur?

RM: Creo que, primero, entender y comprender bien los tiempos que sabemos que hay que tomarnos para pensar bien las cosas, gestionar la emergencia y proyectar la reconstrucción. Piensa que, por ejemplo, en Atacama llevamos más de diez años. Nosotros, a partir del año 29, con una norma norteamericana adaptada, hemos tenido una cantidad de eventos que han permitido ir perfeccionando esa norma que los mismos norteamericanos no han tenido, porque una cosa es tener la norma y otra es la experiencia de perfeccionamiento. Y en eso Chile es bastante especial, solo diría comparado con Japón en términos de la recurrencia y la optimización de la norma.

CV: Sí, como país tenemos historia en esto. El 29 fue cuando se hizo la primera norma, pero ya en 1906, en el terremoto de Valparaíso, la devastación fue tan impactante que se reaccionó muy rápido. Se tradujeron manuales alemanes y además coincide con el momento en que el hormigón armado se estaba introduciendo en el país. Después, el 29, también fue un momento complejo por el terremoto de Talca. Después fue el de Chillán, el 39. Pero después, el de Valdivia, el 60, que tuvo un impacto muy grande en un upgrade importante porque además fue el terremoto más grande que se conoce. Y de ahí en adelante, siempre cada terremoto ha significado una suerte de reestructuración en algunos aspectos de la norma hasta el terremoto de 2010. Entonces, hay una diferencia sustancial con la mayoría de los países, o con todos los países latinoamericanos que no tienen la experiencia de Chile porque no tienen la actividad sísmica que existe acá. No han convivido con esto.

RM: De todas formas, hay que tener cuidado, porque si bien en el caso de Venezuela al parecer hay problemas de recurrencia, o sea, no tenían terremotos hace mucho rato, no han ido perfeccionando las normas. Hay también, al parecer, problemas de diseño y también problemas de prácticas de construcción. No obstante, estamos hablando de un evento muy potente.

¿Cómo todo este acervo de trabajo y asesoría profesional repercute luego en la formación de futuros arquitectos/as y planificadores/as urbanos?

CV: Notros, por ejemplo, en la escuela de Arquitectura hicimos talleres relacionados con la guerra en Palestina. Estuvo la embajadora con nosotros y los estudiantes trabajaron en propuestas muy interesantes. Entonces, ahora, yo me imagino que la manera más concreta de incidir en lo académico tiene que ver con un aporte universitario institucional; ver la posibilidad con universidades de allá, por ejemplo, de tener experiencias de talleres conjuntos. Lo segundo es que tenemos la libertad, al menos desde nuestra escuela, de hacer cursos enfocados en el perfeccionamiento para estudiantes y profesionales venezolanos, probablemente en conjunto con la escuela de Ingeniería.

La idea siempre es lograr establecer alianzas que permitan el trabajo conjunto y también la incorporación de los y las estudiantes a estas materias.

RM: Yo me imagino lazos de colaboración y trabajo conjunto a mediano o largo plazo que pudiéramos hacer, sobre todo desde Chile. Por eso, lo engancho con el eslogan de la universidad de “Transformar Chile”, y eso nos toca justo acá también en la facultad. Creo que hay un tema común respecto al tema de cómo se conecta esto con la gestión de riesgo de desastre, prepararnos para esas incertidumbres, de cosas que no sabemos que van a ocurrir, y los profesionales cada vez van a tener que estar más preparados a adaptarse a colaborar, a adaptarse también en el medio personal, y en el medio profesional. Eso debe dialogar, por supuesto, con los aspectos formativos de nuestros estudiantes en estas materias.

Información periodística: Juan Andrés Inzunza B.